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RIO DESEADO |
El Cubano
errante
El pañolero avanza tambaleante por el túnel que lleva al pañol de la
estopa. En el costado el corto eje de la hélice gira a las rotaciones de mar
abierto. En pocas horas estarán en Brownsville, la ciudad límite entre Mexico y
Estados Unidos en ese recodo del Golfo, al calor del verano del 85.
Algo se mueve entre las bolsas.
Asoma una pierna oscura y flaca terminada en esa zapatilla tropical.
Es Pellegrini.
Pellegrini resultó ser un “Marielito”, es decir uno de los cubanos que
salieron desde la isla de Mariel en ese momento de los 80 en que se permitió un
alud de inmigrantes cubanos hasta que los yanquis descubrieran que muchos no
provenían de haciendas azucareras sino de las cárceles de la zona.
Y estos “marielitos” aunque pudieron ingresar al país del norte,
debian cumplir con la legislación que a través de una “parole” les impedía
salir y querer volver. Y esto es lo que pasaba con Pellegrini, que buscando
otros horizontes menos discriminatorios se había embarcado en Tampico. La falta
de información acerca del itinerario o el confiarse en su suerte habían hecho
que en ese momento acompañado por el Jefe de Máquinas, el “poroto” Ricatti
afrontase el primer interrogatorio de esta historia.
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Menudo, de unos treinta y cinco años, oscuro como buen cubano y cubierto
solo con short y remera, al primer golpe de vista recordé su figura en la
planchada de Veracruz charlando con el sereno como un tripulante más. Ya tenía
amigos criollos.-
Quedó confinado en la enfermería y en Puerto custodiado por dos
rudos agentes de un servicio de Seguridad ya que ni las Autoridades yanquis
quisieron tenerlo cerca y menos permitir desembarcarlo.
Y el “Río Deseado” avanza en su viaje de retorno con el morocho
instalado en la popa y ocupado en su nueva profesión: lavador de pantalones
vaqueros. Con un balde y un ladrillo refractario de sus nuevos amigos, pasaba
las horas rascando el duro “denim” y transformando los burdos vaqueros en
modelos de última generación.
Y fue el llegar a Buenos Aires y verlo salir escoltado por
Prefectura y acompañado por el personal de Inmigración hacia vaya a saber que
catacumba portuaria. Desde la borda lo saludaron con la mano sus ex compañeros
de ruta.
Como siempre la estadía pasó mas rápido de lo pensado y una noche de
invierno a la luz mortecina de los faroles del muelle de la“B 7ª” en Puerto
Nuevo en el instante de largar cabos, un coche patrullero trajo de retorno a
Pellegrini.
Que había pasado: Pellegrini era un polizón y debía volver a donde
había embarcado. Ni Inmigración, ni Prefectura, ni el Comisionado de la ONU ni
nadie lo querian en Buenos Aires. Y el Jefe Coordinador de ELMA, hizo que lo
registrasen en el Libro de Rol como supernumerario mientras instruía al Comando
(en voz baja) de deshacerse del cubano en el primer puerto.
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El que conoce el sistema sabe que decir no es hacer y menos si el
susodicho clandestino figura en el Libro de Rol y la Autoridad portuaria
uruguaya lo primero que quiso hacer era ver a ese extraño espécimen de
tripulante. Y otra vez la custodia y otra vez rumbo al norte con el sonriente
“marielito” ayudando a los marineros ya que de ida no había vaqueros que
rascar. Y custodia en Brasil y en Estados Unidos hasta que se lo llevaron a las
mazmorras en Tampico.
Se vé que los tripulantes lo extrañaban porque le pusieron
abogado, hablaron con los periódicos y con la bandera de los derechos humanos
Pellegrini rumbo al sur rascando otros vaqueros ya adquiridos al efecto en el
boliche del ruso Alejandro en Nueva Orleans.-..
Recuerdan el cuento de “la buena pipa”? esto era su representación
virtual, así que suspiré aliviado ya que al volver me correspondía licencia y
el tema, de seguir, pasaba a mi relevo.
Volvió el cubanito a la cárcel portuaria argentina y después de la
estadía otra vez abordo rumbo al norte. Pero esta vez los contemplé desde
el muelle.
No volví al “Rio Deseado” pero Pellegrini sí. Cuentan los memoriosos que
en Santos un solícito tercer oficial lo llevó hasta la estación de Omnibus y lo
depositó en uno que partía rumbo a San Pablo. A través del cristal de la
ventanilla vió desdibujarse el rostro, diríamos lloroso, del clandestino. El
mismo rostro que volvieron a ver cuando la Autoridad brasilera lo reembarcó en
Vitoria ,solo un poco mas al Norte, diciendo que solito se había presentado
pidiendo no ser separado de su amado buque.
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Y así estuvo, como réplica del holandes errante, bajando solo para
estar temporario en alguna celda y volver otra vez a la salida como acuático
fenix, hasta que amarraron el “Río Deseado” y ELMA lo alojó en un
carguero desafectado en el Dique Cuatro y le llevaban comida y se hizo amigo de
los marineros de la Prefectura y volvía todas las noches a su hotel
flotante.
Y un día, mucho tiempo después, el huracán
liberal, junto con los buques, los depósitos, las gruas,
también se llevó a Pellegrini