lunes, 20 de enero de 2014

LUISITO por Don Efrain Dorrego

Cuando a la Empresa, la representaba Strachan Shipping C° en Nerw York, en el personal que venia abordo, para llevar al Comisario a la Aduana de esa ciudad para jurar, no se que cosa, venia un personaje llamado Luis C, "Luisito! un americano de origen español, del cual me hice muy amigo. Despues de terminar los tramites aduaneros, Luisito que era un neoyorquino criado en el Village, conocía la ciudad como un guía, y íbamos a un recóndito bar de la 2da Av, a tomar cerveza. En uno de esos mediodías, sentado en el bar,Luisito me contó la siguiente anécdota.- Resulta que el jefe de el, en la Agencia era un señor W, que también había sido su superior en la Guerra, donde Luisito habia servido en el mismo regimiento. Este señor W, lo tenia bien marcado a Luisito, que como buen latino, hacia de las suyas en el empleo, así que decía" me tenia cagando en la guerra y ahora en la agencia" y se reía. Bueno, el hecho es que , estando ellos en Alemania, ya vencida, en un pueblo que no recuerdo el nombre, un pelotón, en la que estaba Luisito que era sargento, estaba al mando de W, que era oficial, creo que Capitán o Mayor y en el pueblo ya abandonado por las tropas nazis, encontraron, en un sótano, un arcon con un millón de dolares en oro. Luisito, lo encaró a su superior y le habló de repartir esa fortuna entre los 6 que eran, y el Mayor W, lo castigó y entregó el dinero a los superiores. Así que -dijo Luis- seguimos pobres por este pelotudo, cuando podría tener mi bar y tengo que seguir aguantando a este tipo, que me vigila, porque también cuando estaba en el ejercito me escabullía de los trabajos pesados y el lo sabia.- Un personaje este Luisito, que luego consiguió tener una" tienda de helados" -como el la llamaba- en el Village que atendía su mujer, mientras en traspiraba la camiseta en Stracham Shipping C° que estaba en el piso 38 de las desaparecidas torres W.W.T Center en New York.-

RECUERDOS DE LA INFANCIA por Victoria Fiorenzi

PAPA Y YO
CATAMARCA II

CATAMARCA II
Buenas buenas a todooosss!!! Soy la hija de Carlos Fiorenzi. Les cuento que el otro día miraba la película "Capitán Phllip" (se las recomiendo desde ya, es un caso real) con mi marido, y mientras la miraba recordaba... Recuerdo que tendría 4 años cuando un día le dije a mi mamá que me quería quedar en el barco con papa durante el período de desembarque, fuimos a buscarlo al puerto me quedé con él. Compartí largo rato preguntando todo ya que siempre fui muy curiosa, inspeccioné todo y hasta entré a la sala de máquina... (que huevos chicooosss con ese calor y ese ruido) yo era pequeña, imaginen que han pasado más de 26 años de aquella experiencia... ahora tengo 30...pero creo que jamás podré olvidar que enormeeee era ese barco...y que miedoooo la escalerita por la que mi papá me subió en brazos... me daba miedo el agua y caerme.. jejeje... Me acuerdo de las latas de Coca-Cola escritas en chino... me acuerdo de una foto mía que estaba en el camarote pegada. Me acuerdo de los pasillos, y del cocinero que me preparo un rico pollito. Hasta recuerdo a un compa de papá con el que hablamos ese día, fallecido ya, al que había bautizado "lubi" (no se si papá recuerda.) Lo llamé así por un personaje de la famosa "Flavia Palmiero" que llevaba un bolsito muy parecido al que este compañero llevaba ese día (por supuesto donde llevaba herramientas y estaba lleno de grasa jejej). Ya que estamos y de paso...recuerdo que a veces con tiernos 4 o 5 años yo mi vocecita infantil, llamaba a radio Pacheco, para hablar con el mecánico del Catamarca II. De ahí jamás apago teléfonos de noche... porque siempre puede haber un llamado importante en la madrugada. mi papá debe estar leyendo esto y no debe ni saber que recuerdo con tanta claridad esa época, ya que él no estaba presente físicamente...pero siempre está presente. Recuerdo con amor las cosas que me contaba, y los regalos que me traía de sus viajes tan remotos... no resulto raro que después de 20 años yo misma viviera en China. Me despertaba curiosidad que pasaba del otro lado del mundo. Un abrazo grande a todos los que se han "bancado" las locuras de mi viejo querido... suerte con el foro y sigan los éxitos y las juntadas que son la excusa perfecta para que mi viejo venga a casa unos días besssoooooosssss!!!!   BABERO PARA EL PAPA

viernes, 10 de enero de 2014

NIPONAS NOCHES DE PEDAL por JUAN SILVANO GUERRA

SAN JUAN

SAN JUAN

“Donde fueres, haz lo que vieres” Popular

He trabajado en ELMA (Empresa Líneas Marítimas del Estado Sociedad Anónima), cariñosamente conocida como “Mamá ELMA”. Para mí, todo un orgullo, el haber pertenecido a una empresa de navegación líder a nivel mundial, tanto en cantidad de barcos como en importancia de cada una de sus cinco líneas, creada como empresa en sí, por la primavera del año sesenta y disuelta, tras una larga agonía en el año noventa y siete durante el gobierno del “Turco Vendepatria”. Esta, breve, reseña es un homenaje a todos los que, de un modo u otro, formamos parte de la empresa y está dedicado a ellos, pero no tiene mucha relación con una experiencia personal que quiero narrarles.
Ahí vamos: -“Estamos en Argentina y acá, las cosa tienen que durar!”- Decía La Yoli, de Lanús en una vieja peli mientras empujaba un 403 destartalado para que arrancara. Para mí, toda la vida, fue así, pero cuando uno comienza a recorrer el mundo, se da cuenta que no todos los pueblos, tienen la misma idiosincrasia. El consumismo japonés, en pro de su industria, hace que la gente se desprenda de sus pertenencias por el solo hecho de haberse cansado de usarlas o querer cambiarlas por algo distinto desechando lo que, ya, no quieren como quien se deshace de un trasto viejo. Por el motivo, explicado: quienes nos encontrábamos de guardia, a bordo, esperábamos ansiosamente el camioncito del “chatarrero” para ver que gangas nos traería, a un increíble precio que, casi nunca superaba los diez dólares.
Promediaba diciembre de 1985, crudo invierno, el “La Rioja”, un, moderno, buque de cargas generales de construcción alemana, perteneciente a ELMA se encontraba en el puerto de Kobe, al sudoeste de isla “Honshu”, la más extensa del archipiélago de Japón. Uno de los países más importantes de la línea Oriente.
Me encontraba enrolado como Pilotín de Máquinas, a la vuelta de ese viaje (tres meses más) dejaría de ser cadete y recibiría mi título de Tercer Maquinista Naval comenzando una nueva vida para mí.
A bordo, uno siempre encuentra personas con las que tiene más afinidad que otras, los tiempos son cortos, la soledad, la falta de afectos y la necesidad de comunicación, en aquella época: sin celulares ni internet aun, hacen que estas personas pasen a ser de inmediato la familia que uno tiene del otro lado del mundo. Mi entorno íntimo en ese viaje se reducía a tres personas: Marcelo Curiel, el Comisario de a Bordo, un tipo bárbaro, uno de los hermanos que me dio la vida, han pasado treinta años y nos seguimos frecuentando. Marcelito Sormani: Primer Oficial de Máquinas, uno de los mejores maquinistas que conocí en mi vida, sin duda, un referente durante toda mi carrera, un tipo 100% cerebral en el momento de realizar su trabajo. Cierra la lista el “tordo” Roberto Bereziuk, Medico de a Bordo, habilísimo a la hora de practicarle primeros auxilios a quien sea, lo he constatado en carne propia cuando, debido a mi inexperiencia, me quemé la cara con fuel oíl caliente, siempre de buen humor y predispuesto a todo, un verdadero “loco lindo”.
Entre las ofertas de artículos usados, lo de más demanda, eran televisores color y lavarropas para el camarote, pero los cuatro, decidimos comprar lo mismo, sin habernos consultado antes, algo que nos uniría para siempre y nos haría recordar infinidad de anécdotas cada vez que nos encontráramos: una bici! Para hacer turismo barato y transportarnos a la vez que paseábamos conociendo, debido al alto precio de los pasajes de bus y ni hablar de taxi puesto que, el cambio no nos favorecía en absoluto. El camioncito llegó y cada uno, compró la bicicleta de su agrado. Yo elegí una Shimano celeste con cuadro de aluminio rodado 29 con 14 cambios y freno a contrapedal, de bicis, no entendía nada, pero me gustó y así fue que la adquirí por solo siete dólares. Cada uno de los cuatro compro su bici y esa noche, en el taller de Máquinas nos dedicamos a sacarle toda la mugre adherida con pringosidad rebelde a sus colores y a sus cromados. Al cabo de dos horas, gomas infladas y relucientes, quedaron como de exposición, una más linda que otra, solo quedaba algo por hacer: montarse en ellas y ponerse en movimiento.
Cada uno se abrigó con lo que tenía, era más importante protegerse del frío que fijarse si una prenda combinaba con otra o con el calzado, nadie había llevado guantes, lo que nos obligó a utilizar, los siempre salvadores, guantes de trabajo que no eran muy facheros pero resguardarían nuestras manos del gélido frío oriental. Nuestros atuendos eran lo mas payasesco que el lector pueda imaginar. Munidos de la documentación transitoria (short pass) y unos yens para pagar una bebida caliente durante alguna parada técnica; nos dispusimos a pedalear del sector portuario hacia el centro de Kobe. Quedaba un tanto distante a pie pero, para ir en bicicleta, era una distancia ideal. Lo primero que nos encontramos en nuestro camino que nos llamo la atención fue un viejo y pintoresco cementerio, el cual, permanecía con la puerta abierta por la noche, sin dudarlo y sin detenernos sin detenernos a pensar si ofenderíamos a alguien (la religión sintoísta es muy respetuosa con sus difuntos), decidimos recorrerlo montados en nuestros “corceles”. El lugar era muy bello, cuidado con buen gusto y con una iluminación que permitía visualizar las prolijas tumbas y los pequeños mausoleos que albergaban restos humanos. Uno estaba ornamentado por una hermosa fuente con peces de colores. Otro era una especie de gran lápida de mármol, escrita en su totalidad con ideogramas Kangis, lo cual denotaba que quien o quienes descansaban allí, habían sido personas de abolengo. El mausoleo que llamó la atención del grupo fue uno que tenía siete pequeñas estatuas, cada una con una inscripción en su base; llegamos a la conclusión, no sé si equivocada o no, que descansaban los restos de siete personas, cada estatua de estas, poseía un molinete al que el viento hacia girar y le daba un aspecto alegre. Marcelito, saco la cámara para inmortalizar la escena y en el preciso instante que se disparó el flash, los molinetes de detuvieron al unísono, instantáneamente. Sin tener una explicación racional a lo ocurrido, nos miramos y dijimos en coro: -“Vamos…!!!”- Salimos de ese cementerio con la cadencia que los mejores ciclistas del mundo aplican al embalaje final del Tour de France ante la atónita mirada de transeúntes que por allí, pasaban. Un par de kilómetros más adelante, paramos para beber una chocolatada caliente en una máquina de expendio y al conversar lo ocurrido, los cuatro, nos dijimos no haber sentido miedo.
Se acercaba navidad y como costumbre de a bordo, había que ponerle un regalito en el árbol a alguien para el cual éramos su “amigo invisible”. De ese modo, sorteo mediante, habría un regalito para cada uno en Nochebuena.
Debíamos, comprar, cada uno, un regalito más los que se querían hacer en forma espontanea, yo, en total, compraría cuatro.
Todavía era temprano, llegamos al centro de Kobe y nos dirigimos a una calle peatonal techada a guisa de “shopping al paso” llamada Motomachi en ese lugar encontraríamos lo que teníamos pensado regalar. No había mucha gente, algunas vidrieras estaban en preparación, adornos navideños por doquier, luces y guirnaldas, algunas listas y otras por instalar, en el piso de la peatonal había montones de guirnaldas que estaba instalando una empresa en esos momentos. El “Tordo”, tipo ansioso, se convirtió en una especie de líder de pelotón, aventajándonos porque iba a una velocidad superior y distraído pues no dejaba de mirar vidrieras, paso por encima de una guirnalda que simulaba ser de hojas verdes. De pronto se escucho: crack! crack! crack!; no solo hojas conformaban la guirnalda: también tenía lamparitas y Roberto sin darse cuenta había roto una cuantas, sin percatarse de lo ocurrido, siguió, a buena velocidad, su marcha. No hace falta doctorarse en japonés para saber que cuando dos operarios de mantenimiento, saltan de un andamio gritando en un tono que dista muchísimo de ser una conversación con los puños cerrados blandiéndolos al aire: están protestando acaloradamente. Detuvimos nuestra marcha y con el típico gesto de juntar palmas y agachar la cabeza implorábamos clemencia en nombre de nuestro, torpe, amigo. El tono de estas dos personas fue bajando a medida que se dieron cuenta que éramos extranjeros con un alto grado de ignorancia en leyes viales, señalando un cartel, nos mostraron que no se permitían bicicletas en la Motomachi. El “Tordo”, en Babia, seguía pedaleando sin mirar hacia atrás, ignorando lo que ocurría. En cierto momento, al ver que iba solo, decidió mirar a retaguardia y se dio cuenta de que algo fuera de lo normal ocurría, con rapidez, pedaleo los trescientos metros que nos separaban y volvió por donde había pasado antes, -“Che! Pasa algo?” dijo, cuando, de repente: crack! crack! crack!; volvió a escucharse. Con los dos Marcelos, nos miramos y nos dimos cuenta que había llegado el momento de emprender el Segundo Tour de France. El “Tordo” nos siguió sin detenerse mientras se escuchaba a lo lejos todo un rosario de protestas en japonés que nada lindo nos debían decir. Faltaba una semana para Navidad y las compras las haríamos en el Soho, acabábamos de resolverlo en ese, mismo, instante. Al parar en la plaza, para descansar de este nuevo embalaje, al “Tordo”, le dijimos infinidad de adjetivos calificativos, ninguno de ellos halagüeño.
Cenamos, frugalmente, en Kentucky Fried Chicken, luego de pagar un “ojo de la cara” decidimos retornar al buque, ya era la hora 22:30 y al otro día, temprano, cada uno tenía que atender sus responsabilidades. –“Y si nos volvemos por la autopista…???”- Preguntó Marcelo. –“Cual?”- Inquirí yo con terror a perdernos. –“Aquella, la que corre al lado del Shinkansen (tren bala): si la tomamos para el lado de Osaka, y bajamos en la segunda rampa y estamos en el puerto. Llegaríamos antes de medianoche”- . –“Dale!”- Dijimos los tres restantes tal como lo hubieran hecho Athos, Portos y Aramis. Los cuatro, subimos con la velocidad de fuerza y pasando cambios, logramos hacer que las bicis vuelen, por fin podíamos probarlas en todo su potencial! Se comportaban tal cual habíamos pensado!
En un momento se empezaron a escuchar sirenas que iban aumentando su volumen –“Mucho orden en este país, pero acá también ocurren accidentes!- Pensé. Las sirenas eran tres patrulleros, uno se convirtió en líder del pelotón, el segundo se puso a nuestra derecha y el último cerrando el mismo. El segundo móvil, comenzó a hablar por megáfono con voz de locutor japonés. Los marinos somos personas que poseen una velocidad de captación mucho más elevada que cualquier ser terrestre. Del mismo modo que cambiamos de idea religiosa de ateo a chupasirios en milésimas de segundo, medio de cualquier temporal; en este caso, aprendimos japonés al instante, lo que el patrullero quería, es que nos bajáramos de la autopista. Tas hacerle caso y pensando que nada nos salvaría de pasar la noche en una celda nipona, al bajar la rampa y para nuestra sorpresa: ningún patrullero nos siguió, ellos siguieron en la autovía sin darnos importancia, su misión estaba cumplida, ya habíamos bajado.
Tras hacer un pacto de silencio, pedaleamos hasta el puerto, subimos al buque y nos fuimos a descansar.
A la mañana, cada uno se ocupo en sus tareas fue una mañana ardua. Hasta el Capitán estuvo atareado debió atender visitas de uniformados en compañía de intérpretes de la agencia ya que, un militar japonés, jamás habla en ingles, su orgullo se lo impide por lo ocurrido durante la segunda guerra.
El almuerzo fue ameno, con Raúl, el Capi, se navegaba bárbaro, conversamos acerca del mundial de México y sus posibles candidatos. Al concluir, nos invitó a tomar el café a su camarote. Sentado desde su escritorio, con su barba y cabello entrecanos, taza de café humeante en mano y la sonrisa bonachona que lo caracterizaba, no dijo: -“Muchachos: también fui joven como ustedes y los comprendo muy bien. A partir de este momento, he tramitado un servicio de combis, por favor, utilícenlo y guarden las bicicletas hasta el próximo puerto porque bastantes cagadas han hecho en una sola noche”-.
EX SAN JUAN

lunes, 4 de noviembre de 2013

ABANDONAN EN UN PUERTO AFRICANO UN EX BUQUE DE E.L.M.A.

GENERAL BELGRANO


NO PUEDE VOLVER PORQUE TIENE DOS EMBARGOS

Abandonarán en un puerto africano un buque argentino

Está fondeado hace dos meses en un puerto de la República de Guinea · Sus diez tripulantes son argentinos y casi no tienen comida · En mayo tuvieron que repeler a hachazos un abordaje pirata




EN PROBLEMAS. El General Manuel Belgrano vale tres millones de dólares.


Un buque mercante de bandera argentina con sólo diez tripulantes, está a punto de ser abandonado por la tripulación -también argentina- en un puerto africano. El General Manuel Belgrano está fondeado hace dos meses en la rada exterior del puerto de Conakry, República de Guinea, y no puede partir de regreso porque tiene dos embargos.

   








El jefe de máquinas del barco, Horacio París, se comunicó hace dos semanas por un sistema satelital con su esposa, quien vive en Paraná, y le relató la angustiosa situación por la que está pasando.

"Si el sábado no cumplen con todo lo solicitado, la tripulación del barco abandona todo y regresa a nuestro país", dijo a Clarín Emilse Domínguez de París, docente y psicopedagoga y madre de Alejo (7) y Horacio (5), los dos hijos del marino.

"Soy a la vez madre y padre, aunque ellos -dijo señalando a los chicos- tienen bien en claro que su padre es navegante y por eso no está todos los días con nosotros".

"Mi esposo estuvo en ELMA durante 14 años, pero cuando se privatizó buscó otros horizontes y no sé lo que pasó. Sólo le puedo decir que están desesperados: muchas veces no tienen alimentos y para poder hablar por teléfono tienen que viajar varios kilómetros", relató preocupada la mujer.

También habló sobre la falta de seguridad: "En dos oportunidades intentaron asaltar el barco".

Ataque pirata

En la comunicación con su mujer, París relató que el 8 de mayo tuvieron que repeler a hachazos un intento de "abordaje pirata" y que tuvieron que electrificar el perímetro del barco para evitar nuevos ataques. París es uno de los 10 tripulantes que queda, sobre 23 que tenía el buque.

También contó que la "provisión de comida es escasa" y que llegaron "a intentar el trueque de víveres por equipo del buque" amparados en la Ley de Navegación.

En la posdata de la comunicación, el marino explicó que tienen agua potable para diez días, que hace dos meses que la tripulación no cobra sus sueldos y ruega que "alguien disponga nuestra repatriación con o sin buque".

El General Manuel Belgrano pertenecía a ELMA y fue uno de los tantos buques que formaron parte de la liquidación de la empresa marítima estatal.

Un grupo de ex empleados de ELMA, que había formado la Cooperativa de Trabajo Manuel Belgrano, ganó la licitación y se hizo cargo del buque con una hipoteca de por medio, hace más de dos años.

"Como el buque no estaba en condiciones de navegar, la cooperativa lo arrendó a un armador francés, Andrés Marcus, quien tiene una empresa llamada Argocean", explicó Manuel Marcote, presidente de la Cooperativa de Trabajo General Manuel Belgrano.

El arreglo, según Marcote, era que el armador se hiciera cargo de tres cosas: poner el barco en condiciones de navegar, a un costo de entre 600 mil y un millón de dólares; pagar las cuotas de la hipoteca a ELMA, de 50 mil dólares; y pagar los sueldos de la tripulación, que suman 52 mil dólares.

A cambio el armador se quedaba con el dinero de la explotación del buque mercante. "Nosotros sólo queríamos trabajar", explicó Marcote.

En esas condiciones el buque navegó transportando carga general durante un año y siete meses. Pero meses atrás el armador y la cooperativa recibieron una carta documento de ELMA amenazando con embargar el buque si no se pagaban las cinco últimas cuotas de la hipoteca, que según la empresa marítima en liquidación estaban impagas. Entonces comenzaron los problemas.

En condiciones

"A partir de ese día el armador francés también dejó de pagar el combustible y los sueldos de la tripulación. Y no sólo abandonó el barco sino que además presentó un embargo por 900 mil dólares, el dinero que según él gastó en poner al General Manuel Belgrano en condiciones para navegar", dijo Marcote.

El otro embargo que tiene el buque es por la falta de pago del combustible.

El presidente de la cooperativa explicó también que hoy habrá una reunión en ELMA para tratar de resolver la situación del buque y, sobre todo, de su tripulación.

El General Manuel Belgrano tiene un desplazamiento de 8.992 toneladas y un valor aproximado a los tres millones de dólares. Está a punto de ser abandonado en un país donde, según su jefe de máquinas, "una bolsa de arroz vale casi lo mismo que la vida humana".

En la comunicación con su esposa Horacio París pide que "alguien arroje algo de luz sobre esta realidad antes de que los últimos que permanecemos a bordo apaguemos la nuestra y tengamos que abandonar, por primera vez creo, un buque de bandera argentina en un puerto africano y expuesto al saqueo".
GENERAL MANUEL BELGRANO

jueves, 31 de octubre de 2013

PAMPA por Marcelino Vallejo Beck.

CORACERO

Nunca nos acordamos de esos "tripulantes" que eran los mejores
compañeros a bordo.Los perros que habia en casi todos los buques.
Voy a mencionar uno fantastico del CORACERO,se llamaba PAMPA.
Hacia,preferentemente,la guardia de 0 a 4 en maquinas.
Tenia su chaleco salvavidas,hecho con panes de corcho forrados con
lona anaranjada y correas del mismo material.
Cuando tocaban zafarranco,corria al camarote de 2do.contramaestre
que tenia su salvavidas,se lo colocaba e iba rajando a los botes.
Cuando llegabamos a un puerto con estadia suficiente y se deshollinaba
una caldera.luego de bien fria, destapabamos el horno,y era el primero
en pegar un salto y meterse "a inspeccionar".
En general,y sobre todo en tiempos frios,se la pasaba en la maquina.
En puerto,permanecia varias horas en la planchada esperando a los que
venian de tierra,y algunas veces hacia excurciones "de perras",pero en
puertos Ingleses,ni se asomaba.No se porque sabia que las leyes en ese
pais son brabas para con los animales.
Por supuesto tenia toda la documentacion sanitaria al dia.
Una vez tuvimos que dejarlo en Roterdam para operarlo.Los tripulantes
se mataban para colaborar economicamente con los gastos que esto
demandaba.
Volvio en otro barco de la Empresa,en Bs As fueron dos tripulantes a buscarlo
ya que el barco que lo trajo estaba atracado bastante lejos.
Es indescriptible la alegria que mostro este perro cuando se reencontro con
su buque y sus "compañeros"
En una oportunidad estando en Rosario,salio de paseo y perdio el buque.
Comenzo a recorrer la ribera hasta que encontro otro buque de ELMA que
al igual que nosotros completaba carga en Baires.Llego dos dias despues
que nosotros,se tiro al muelle por la planchada y nos encontro enseguida.
Otra alegria para todos.
No los quiero cansar mas,pero tengo alguna anecdota mas del PAMPA.
CORACERO

domingo, 27 de octubre de 2013

28 OCTUBRE 1973 COLISION RIO QUINTO Y BALISADOR USUAHIA

RIO QUINTO

27 Octubre de 1973 el que les habla salio de Buenos Aires con 17 años recien cumplidos por primera vez a navegar en el buque Montevideo de Ivaran Lines. Imaginense primera noche a bordo con el ruido de esas maquinas y la vibacion del buque de dormir nada . alrededor de la 1 de la mañana del 28 abre la puerta del camarote mi viejo y me dice se hunde un barco , yo medio dormido y con el julepe del primer dia entendi se hunde el barco , sali del camarote en calconcillos y como rata por tirante, mi viejo me dice que haces' no decis que se hunde el barco , no se hunde un barco . fue la colicion del Rio Quinto con el Uauahia donde fallecieron 24 tripulantes del balizador . nosotros como buen barco griego no podiamos poner en marcha los botes asi que fuimos los ultimos en rescatar dos tripulantes. Se imaginan el jabon que tenia jorgito en ese momento pañales descartables jajajaja

USUAHIA

viernes, 11 de octubre de 2013

RIO TEUCO Puerto de Saint John, Canadá, verano septentrional de 1987 por Horacio Insaurralde

RIO TEUCO

Puerto de Saint John, Canadá, verano septentrional de 1987.

En ese viaje del poderoso “Río Teuco” se había reunido un lindo grupo de Oficiales jóvenes, a los que se sumaban Pilotines y también un pasajero ahijado de algún Gerente.

Esa mañana de domingo era radiante de sol, ideal para salir a pedalear hasta la ciudad, que estaba bastante lejos.
Apenas asomaron las bicicletas a cubierta los detuvo en el portalón un canadiense serio y muy elegante, diciendo que era el Jefe de Seguridad e Higiene de la terminal (título apabullante pero totalmente desconocido para cualquier argento en esa época) y prohibiendo la salida de los rodados. La causa era simple: las bicicletas habían estado en contacto con tierra, barro, polvo, lo que sea, “sudamericanos” y por ello podían contaminar el glorioso suelo canadiense con enfermedades y pestes varias.

Los colegas llamaron al Oficial de Guardia, que casualmente era este escribiente, por entonces con la mitad de edad de la que tengo ahora, pero todavía con el doble de paciencia necesaria para tolerar al máximo la estupidez humana.

Pacientemente escuché las razones de Mr. Safety y le comenté que las bicicletas habían rodado antes por puertos de sus inestimables vecinos sureños, como Jacksonville, Savannah, Baltimore, Philadelfia y hasta la bendita Gran Manzana.

Ante su persistente negativa, pregunté si se podía solucionar el tema mediante una fumigación de las bicicletas, así que apenas aceptó la propuesta, apareció como por arte de magia entre mis manos un aerosol de Raid mata moscas y mosquitos, con el que procedimos a rociar las ruedas, rayos, cuadros, el manubrio, el inflador y por las dudas, hasta los timbres.
Apenas desembarcaron todos con sus rodados legalmente descontaminados y el conforme del aguafiestas canadiense, le entregué el tacho de Raid al Marinero de Guardia, pidiéndole que me avisara si este tipo volvía a aparecer en cubierta.

Media hora después efectivamente volví a la planchada, donde el Marinero había impedido el libre paso de Mr. Safety. Me acerqué blandiendo el tubo de Raid, agachándome y amagando rociarle sus relucientes zapatos de charol.

El hombre retrocedió de un salto, preguntando si me había vuelto loco.

Todo lo contrario, le dije, simplemente estaba tratando de descontaminar sus zapatos para evitar que pudiera pisar la cubierta de MI barco con tierra, barro y polvo canadienses, contaminados vaya uno a saber con qué pestes !!

Naturalmente el tipo huyó despavorido por la escala real y extrañamente en los días subsiguientes nadie más se atrevió a acercarse al Teuco, ni siquiera para tratar de explicarnos algún otro tema interesante sobre “Seguridad e Higiene”…
RIO TEUCO